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Valle de Sierras Chicas - Sierras Chicas Cordoba - |
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Algunas de las localidades que componen las Sierras Chicas son: Posiblemente la inmediatez de Córdoba hace que una atrayente área de las Sierras Chicas pase a veces desapercibida cuando se trata de pintar las bondades de esta incomparable provincia mediterránea. Aún cuando no muestre
particularidades destacadas en su conformación respecto a otras regiones, cuenta con valores propios de relevancia que la hacen ser acogida por cientos de visitantes todos los días del año. Cobijada por un purísimo cielo azul, esta área de las Sierras Chicas se fragmenta entre cerros, quebradas y ríos, donde recalan riquezas arquitectónicas e históricas de gran valor. Un viajero que inicie su
camino en la ciudad capital y quiera conocer lugares diferentes, se encontrará a 25 kilómetros de su origen con
Unquillo, localidad nombrada con un viejo vocablo indio que significa 'pequeña sanguijuela',
manera en que los primitivos habitantes del lugar llamaban a una planta también conocida como rimé. Asentada entre lomas y
hondonadas, ofrece bellos balnearios, caracterizándose el lugar por sus fiestas de carnaval, ya tradicionales en Córdoba. Sobre el mismo camino -aunque puede llegarse a
él por la ruta de Pajas Blancas- se halla
Río Ceballos, población encajonada entre cerros y bañada por un saltarín y murmurante río que el hombre encerró para formar el Dique La Quebrada.
En este paraje, que los indios comechigones llamaron Ministaló, descansó don Jerónimo Luis de Cabrera allá por 1573, antes de fundar en otra hondonada mayor, la ciudad de Córdoba. Es imperdonable
estar en Río Ceballos y no visitar el parque y Cristo del Ñu-Porá; la Gruta de Santa Teresita, la cascada Los Hornillos y Pozo Verde y observar con extrañeza las misteriosas y antiquísima
huella de pies impresos en la piedra de Las Pisaditas. Obviamente, el lago del Dique La Quebrada
que mas que una tentación para la prácticas de deportes náuticos (excepto con
botes a motor para conservar la pureza del
lugar). Siguiendo la ruta y a 40 km. de la capital se
erige Salsipuedes, a la vera del río homónimo que baja del cerro El Cuadrado y da vida a los balnearios cuyas aguas acarician lánguidos sauces. A seis kilómetros
de aquí una pequeña villa se levanta en las tierras que fueran del cacique AniMi:
Agua de Oro. Su nombre deviene de sus cristalinas aguas que
transparentan doradas arenas y al ser iluminadas por el sol, arrancan de ellas destellos dorados. Desde
Agua de Oro, por un camino consolidado
que corre hacia el oeste, en la zona del Manzano, se levanta la obra jesuítica tal vez más hermosa que existe en el país y que data del año 1730: la
Capilla de Candonga. Historia y coraje
Manteniendo
el derrotero de la ruta 156, se arriba a la ciudad de
Jesús María (accesible también por la ruta 9), importante centro agrícola-ganadero.
Asentada
en la histórica región de Guanusacate (agua muerta o bañado),
Jesús María atesora un museo de excepción: el Jesuítico Nacional, en lo que fue el casco de la estancia que los religiosos fundadores de
la Universidad Nacional de Córdoba utilizaron para proveer al sostenimiento de esa casa de altos estudios.
Pero si
por algo la ciudad trascendió las fronteras del país, es por su Festival de Doma y Folklore, que año a año se abre como una muestra de bravura criolla, con cantos y danzas de América. Pegado, casi sin continuidad se encuentra la localidad de Colonia Caroya, lugar donde hasta 1814 funcionó la primera fábrica de armas blancas de la patria. Asentamiento de emprendedores gringos, es sede de la Fiesta Provincial de la Vendimia.
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