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Estancias Jesuíticas en Córdoba |
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Estancia de
Alta Gracia ubicada el corazón de la ciudad de Alta Gracia, frente a
la plaza central, a 36 kilómetros al sudoeste de la ciudad de Córdoba por
ruta provincial 5. La Estancia de Alta Gracia está enclavada en el centro de
una pintoresca ciudad en un contexto serrano, con visión a las Sierras
Chicas. Si bien la estructura urbana ha modificado las condiciones
originales del lugar, se mantiene el misterio y la imponencia del monumento
que se refleja sobre el tajamar.
La Estancia de Alta Gracia data de 1643, el templo es hoy la iglesia
parroquial de la ciudad y en la Residencia funciona el Museo Nacional "Casa
del Virrey Liniers".
Además, se destaca el lamoso tajamar que ha pasado a
ser, un elemento que identifica a Alta Gracia. |
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El origen de la Estancia de Alta Gracia está en la
donación efectuada por don Alonso Nieto de Herrera de su estancia personal
en el momento de ingresar a la Compañía de Jesús en 1643. Aprovechando este
establecimiento rural, los jesuitas desarrollan un nuevo plan, de
construcciones que sirvió a los fines productivos buscados.
Sobre todo para la creación de un obraje destinado a la producción textil,
aunque la agricultura y la ganadería, en especial el comercio de mulas,
fueron las bases de su economía.
Tras la expulsión de la Compañía, fue adquirida por sucesivos
propietarios particulares (uno de ellos don Santiago de Liniers, antiguo
virrey del Río de la Plata y héroe de las luchas contra los invasores
ingleses en 1807).
Don Manuel Solares decidió lotear las tierras que rodeaban el casco de la
estancia, dando origen a la ciudad de Alta Gracia.
Tras la declaratoria como Monumento Histórico Nacional en 1941, el Gobierno
Nacional adquiere las construcciones residenciales del casco en 1968,
destinándolas-al Museo Nacional "Casa del Virrey Liniers". La Estancia de Alta Gracia
incluye la iglesia (hoy iglesia parroquias de la localidad), la
residencia (actual, Museo Nacional "Casa del Virrey Liniers") con sus patios
y locales anexos, el obraje, el tajamar, las ruinas del molino y el antiguo
horno en el primer paredón del sistema de acequias.
Se destaca la iglesia por su planta barroca y su interior ornamentado (donde
sobresale el gran retablo del altar mayor, con sus columnas salomónicas y
elaborado coronamiento, así como el púlpito tallado en madera), su cúpula
sin tambor y su fachada extremadamente elaborada, con un perfil de curvas
interrumpidas y la fuerte presencia de pilastras apareadas que recuerdan el
barroco italiano tardío.
Única en la Argentina por su fachada sin torres y por el
ensanchamiento de su crucero, reuniendo la planta lineal con un esquema
oval. La
residencia contigua, desarrollada sobre una planta en "L", se destaca por
sus galerías abovedadas que recorren toda la fachada principal, por la gran
escalera de acceso desde el patio, el coronamiento barroco que retorna las
formas de la fachada de la iglesia, y por el portal de acceso desde la calle
al patio principal. Actividades En el caso de Alta Gracia, la integridad del emprendimiento inicial se ha visto seccionado en la trama urbana de la ciudad, asignándose incluso funciones diversas e independientes a las partes: la residencia es sede del museo, la iglesia continúa con su función religiosa, el obraje es sede de una escuela secundaria, el Tajamar es centro de recreación y paseo de la población y los visitantes, las tierras de producción están ocupadas por diversos barrios de la ciudad, los hornos de cal y las obras hidráulicas se hallan en las afueras de la ciudad. Ello permite recomponer la historia de la Estancia como historia de Alta Gracia en la interpretación que se ofrece al turista, posibilitando diferentes recorridos y visitas. El Museo ya consolidado, y un centro de interpretación, operan como equipamiento básico para el turismo cultural. Arriba Estancia de Caroya
Presidente Avellaneda, que en sus tierras se
funde una colonia de inmigrantes procedentes de la región , del Friuli
(Italia), quienes se instalan en la Estancia en 1878 hasta que se organiza
definitivamente el nuevo poblado en sus inmediaciones. Actualmente la Estancia es Monumento Histórico Nacional y
Provincial. La Estancia de Caroya comprende la Residencia organizada alrededor de un amplio claustro central, la capilla, el perchel, el tajamar, restos del molino y de las acequias y las
áreas dedicadas a quinta. Constituye un destacado ejemplo de arquitectura residencial en el medio rural, por tratarse básicamente de una casona centrada en el gran patio y su claustro, con las dependencias reservadas
para los alumnos del Colegio Convictorio de Monserrat y la pequeña capilla de piedra. El edificio de la residencia muestra rasgos arquitectónicos típicos de
los siglos XVII, XVIII y XIX, marcando las distintas etapas de intervención y de utilización de la casa. La construcción se realizó con materiales locales (piedra de cantería, adobes, ladrillos, vigas y aberturas de algarrobo, tejas españolas hechas a mano y rejas de hierro forjadas en el
lugar). CULTURAL En la Estancia de Caroya funciona un centro de interpretación y museo multi-temático, bajo la administración de la Dirección del Patrimonio Cultural de la Provincia de Córdoba. Pueden realizarse actividades que implican recorridos y visitas al edificio histórico como así también a la localidad en su conjunto, permitiendo el contacto directo del turista con el modo de vida de la población local, con sus tradiciones y con la gastronomía típica de la inmigración. Arriba |
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Estancia de JESÚS MARIA
La Estancia de Jesús María fue el segundo núcleo productivo del sistema organizado por la Compañía de Jesús. Se
construyó a partir de 1618 en las tierras que los indígenas sanavirones reconocían con el nombre de Guanusacate. Esta estancia se carácter
o por su producción vitivinícola, la que alcanzó un alto grado de desarrollo y calidad, y que se ha prolongado en el tiempo, constituyendo una característica de la zona. La Estancia de Jesús María incluye la iglesia, la residencia y la bodega, restos de antiguos molinos, perchel y tajamar. Han
desaparecido las construcciones destinadas a las habitaciones de indios y
esclavos, así como los campos de cultivo y pastoreo. Construida alrededor de un patio central cerrado en dos costados por un claustro de dos niveles, es notable la arquitectura de sus arcos superpuestos.
La iglesia de nave única abovedada posee un exterior sobrio, destacándose su importante cúpula central, ricamente ornamentada con bellos relieves en su interior, y la elegante espadaña de piedra
ubicada junto a la sacristía. Al igual que Caroya, la Estancia Jesús María, se convirtió en el punto de partida para el desarrollo de la ciudad que hoy lleva su nombre. Posee atractivos lugares naturales para visitar. Su densidad poblacional es baja y a sus alrededores pueden observarse
extensos campos de cultivo y cría de ganado. Hoy Hoy todo el complejo es sede del Museo jesuítico Nacional. Tras la expulsión de la Compañía de Jesús pasó a manos privadas hasta que, tras su declaratoria como Monumento Histórico Nacional en 1941, fue adquirida por el Gobierno Nacional, siendo en la actualidad sede del Museo jesuítico Nacional. La Estancia de Jesús María, en su localización suburbana, mantiene el vínculo con áreas de producción agropecuaria de la zona, permitiendo reconstruir en la memoria y en la interpretación las condiciones originales del emprendimiento. Arriba |
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Estancia de la Candelaria
La Estancia de La Candelaria está enclavada en plena sierra. Sus gruesos muros de piedra, con sólo dos puertas de acceso y pequeñas aberturas, nos hablan de una actitud defensiva ante eventuales
ataques aborígenes. Organizada y consolidada a partir de 1683, la Estancia de la Candelaria constituyo el mejor ejemplo de un
establecimiento rural serrano productor de ganadería extensiva, fundamentalmente mular, destinado al, tráfico de bienes desde y hacia el Alto Perú. Por otra parte, las condiciones geográficas del medio
de localización hacían bastante difícil el desarrollo de actividades agrarias en gran escala. Luego de la expulsión de los jesuitas, la
junta de Temporalidades procedió al desmembramiento de la gran propiedad en sucesivas ventas. El casco de la estancia, declarado Monumento
Histórico Nacional en 1941, fue adquirido por el Gobierno de la Provincia de Córdoba en 1982, siendo destinado a centro de interpretación de la vida rural.
La Estancia de La Candelaria comprende la capilla, la residencia y locales anexos, las ruinas de la ranchería (habitaciones construidas por simple apilamiento de piedras con techo de paja destinadas
a los esclavos), corrales, restos de tajamar, molino y acequias. Se trata de una tipología única de la provincia de Córdoba, constituyendo una situación intermedia entre fortín y residencia con
santuario. Es notable la fachada de la iglesia, compuesta por una sola nave coronada por una espadaña barroca que es la única silueta que
se destaca por sobre la horizontalidad del conjunto. El interior de la capilla, simplemente ritmado por pilastras y cubierto con tirantería
de madera, conserva el retablo original de mampostería, trabajado a la manera de una fachada con pilastras y columnillas, pudiendo admirarse una antigua talla en madera de la Virgen de la Candelaria. La Estancia de La Candelaria se asienta sobre un paisaje de pampa de altura en el macizo serrano. Caracterizada
fuertemente por la conservación de muchos de los rasgos originarios del paisaje. Actividades Hoy La Candelaria permite el desarrollo de un programa de turismo cultural rural y de naturaleza con diversas actividades: visita de testimonios del patrimonio arquitectónico rural y recorrido de sus sitios arqueológicos con vestigios y evidencias del sistema productivo organizado por los jesuitas en la región, visita a centros actuales de producción regional (ganadería tradicional, estancias, minería y artesanías), recorrido e interpretación de sitios naturales con observación de fauna y flora, y actividades ligadas al turismo de naturaleza (caminatas, cabalgatas, safaris fotográficos, recorridos en 4x4, etc.). Arriba |
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Estancia Santa
Catalina
La Estancia de Santa Catalina, fundada en 1622, es la más grande de todas. Su iglesia es uno de los mejores ejemplos del
llamado "barroco colonial" en Argentina, con marcada influencia de la arquitectura barroca centroeuropea. La Estancia fue el gran centro de producción pecuaria (con miles de cabezas de ganado
vacuno, ovino y mular), amén del obraje con sus telares y aparejos, la herrería, la carpintería, el batán, los dos molinos, el gran tajamar y su alimentación subterránea de agua que venia desde
Ongamira, en las sierras a varios kilómetros de distancia. Tras la expulsión de la Compañía de Jesús, fue adquirida por don Francisco
Antonio Díaz en subasta promovida por la junta de Temporalidades, permaneciendo en propiedad de la familia hasta nuestros días, en que continúa siendo utilizada como residencia de descanso y vacaciones.
Fue declarada Monumento Histórico Nacional en 1941. La Estancia de Santa Catalina comprende la iglesia monumental, la residencia con sus tres patios y locales anexos, las ruinas del noviciado, la ranchería (las habitaciones para esclavos),
el tajamar, restos de acequias y molinos. Conservada casi en su totalidad, es la más amplia de todas las Estancias, estructurada alrededor
de tres patios. La iglesia, de imponente fachada, posee dos torres y portal en curva.
Su gran cúpula y el atrio elevado, denota una cierta influencia de la arquitectura barroca centroeuropea, tanto en el empleo de las pilastras y frontones curvos que enmarcan el portal de acceso como
en las torres gemelas que flanquean la fachada. El interior, de armoniosas proporciones, tiene una sola nave que culmina en la cúpula sobre
el crucero, destacándose el gran retablo del altar mayor, tallado en madera y dorado, con sus imágenes de bulto y el lienzo que representa a la santa patrona de la estancia.
También se conservan en la iglesia las valiosas imágenes del Señor de la Humildad y la Paciencia y de un Cristo crucificado, imagen de vestir y talla en madera policromada respectivamente. junto a
la iglesia se halla el antiguo cementerio de los feligreses, al cual se accede por un magnífico portal barroco cóncavo, resaltado por el coronamiento curvó y enmarcado por pilastras y columnas. Santa Catalina está enclavada en el corazón de una planicie suavemente ondulada rica en vegetación: árboles, ríos, y paisajes pintorescos.
La naturaleza abraza al visitante y le ofrece una paz silenciosa para contemplar la belleza de la iglesia, la residencia y las demás construcciones.
En el fondo, la visión lejana del cordón de las Sierras Chicas y su continuación hacia el norte, completa su magnífico paisaje. Actividades
Hoy Santa Catalina es una pieza esencial del nuevo camino turístico, dadas sus calidades arquitectónicas, su valor monumental y el mantenimiento del ambiente rural de su localización. Actualmente es propiedad privada. En ella residen sus dueños, quienes sin embargo, posibilitan el uso turístico como lugar de visita controlada. Arriba |
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